Antes de la Parusía: la apostasía y la manifestación del hombre de la iniquidad

En cualquier caso, la incertidumbre acerca del momento en que acontecerá la Venida del Señor no es obstáculo para una vida espiritual, ni fuente de desasosiego…

Por: Padre Pablo García Beck

MARTES VIGESIMA PRIMERA SEMANA AÑOS PARES

Dentro del proyecto de Dios, en el que toda la realidad humana y cósmica parte de Cristo y concluye en Él, esto es, todo converge en Cristo, no extraña que la Parusía sea un acontecimiento que intrigaba a la comunidad de Tesalónica; porque estamos en un devenir que será superado cuando Cristo se transformará de escondido en manifiesto, de implícito en explícito, revelando así la plenitud de su obra, momento particular, denominado Era de Paz, en el que la Iglesia se transformará en el Reino de la santidad y de la gracia.

Sea como fuere, la Venida del Señor algunos la consideraban cercana; sin embargo, San Pablo asevera que la Parusía no es inminente, ya que todavía no se han dado los dos grandes signos que precederán al Segundo Advenimiento del Rey de la Gloria.

La Parusía de nuestro Señor Jesucristo – Un Católico Perplejo

Antes de la Parusía, deben producirse dos hechos: la apostasía y la manifestación del hombre de la iniquidad, o sea el Anticristo.

En cualquier caso, la incertidumbre acerca del momento en que acontecerá la Venida del Señor no es obstáculo para una vida espiritual, ni fuente de desasosiego, sino que resulta beneficiosa, para no caer en la tentación de despreciar el intervalo intermedio, pasando la mayor parte del tiempo irreflexivamente.

Aún más, esperar la Hora de Dios conlleva encarnar el talante de estar alertas a los signos de los tiempos, perseverando amorosamente a la Alianza Nueva y Eterna.

Qué es la Parusía?

Ciertamente, entre el momento presente y la Parusía se extiende un tiempo que hay que soportar hasta el fin con sobriedad y vigilancia, llevando nuestra cruz cada día y realizando nuestro papel en la evangelización. No cabe duda de que, si el Espíritu Santo ilumina los ojos del corazón para que leamos los signos de los tiempos de manera correcta, sabiendo que la apostasía es lo contrario de la conversión, advertimos el carácter único de nuestro tiempo, donde la pérdida de la fe se está difundiendo en amplios círculos de la sociedad y la abrumadora deshumanización de las almas está desencadenando una masiva oscuridad, de alguna manera, conjeturamos que somos la generación en la que eclosionará la Bestia.

San Pablo describe al Anticristo con palabras tomadas del profeta Daniel: Hablará palabras arrogantes contra el Altísimo, someterá a prueba los santos del Altísimo y pretenderá mudar los tiempos y la ley. Es decir, la siniestra figura del Inicuo contradice radicalmente la Voluntad de Dios. El arrogante no de la soberbia humana tomará cuerpo en el hombre de la impiedad. Y este no dado a la Divina Voluntad significa para el ser humano la perdición. El que se opone a la Voluntad de Dios y deliberadamente le da un ‘no’ tajante, cae en la perdición.

La esencia del pecado del Anticristo consiste en dos actitudes, a saber, contradicción al orden de Dios y complacencia propia.

El comportamiento despótico y arrogante de la Bestia aparecerá claro en sus maquinaciones contra el Señor. Querrá derribar a Dios de su trono y constituirse él mismo en Dios. De ahí que, pretenda recibir veneración y reconocimiento de los hombres.

Aunque todavía no se ha manifestado públicamente el Anticristo, ciertamente, el misterio de la impiedad está ahora ya en acción induciendo a los hombres a la apostasía, es decir, la ruptura de la relación con el Corazón Eucarístico del Señor.

Al respecto, el santo cardenal John Henry Newman aseveró proféticamente:

Se que todas las épocas son peligrosas, y que en cada una hay mentes serias e inquietas, sensibles al honor de Dios y las necesidades de los hombres, que están dispuestas a pensar que no ha habido un tiempo tan peligroso como el suyo. En todas las épocas el enemigo de las almas asalta con furia a la Iglesia, que es la verdadera Madre de éstas, y por lo menos amenaza y asusta cuando falla en hacerle daño. Y en todos los tiempos sufren adversidades especiales que otros no tienen. Por ello admitiré que hubo ciertos peligros específicos para los cristianos en otros tiempos, que no existen en este. Sin duda es así, pero aún admitiendo esto, pienso, sigo pensando que las pruebas que yacen ante nosotros son tales que espantarían y aturdirían incluso a corazones valientes como los de San Atanasio, San Gregorio I o San Gregorio VII. Y confesarían que, a pesar de lo gravemente oscuro que era el panorama de su época, el nuestro tiene una oscuridad de un tipo diferente de ningún otro que haya existido antes. El peligro especial de nuestro tiempo es la difusión de esa plaga de infidelidad, que los apóstoles y Nuestro Señor mismo han predicho como la peor calamidad de los últimos tiempos de la Iglesia. Y al menos una sombra, una imagen típica de los últimos tiempos, está llegando sobre el mundo.

CARTEL-CARTEL-PARUSIA-15 | Ortodoxia Católica

Pase lo que pase, las épocas de tibieza y laxitud de los fieles siempre han sido el prólogo a las persecuciones, y por ende la actual apostasía impondrá una despiadada Pasión de la Iglesia, y que es obertura a la venida del Anticristo. Así como Jesucristo aparecerá un día en poder y gloria y todos se inclinarán doblando la rodilla ante Él, así también el Hombre de la Impiedad organizará una imponente aparición.

Esto tendrá lugar con gran poder, pues él tiene en su apoyo a Satanás. La parusía aparentemente poderosa del Hijo de la Perdición estará encuadrada en el Viernes Santo del Cuerpo Místico de Cristo. El resultado será el desencadenamiento de un grado máximo de maldad que, al final lo devorará todo. Por eso, el desorden causado por el Anticristo no puede durar, él mismo sucumbirá al fin. De facto, la caída del emporio del Inicuo será sencillamente tránsito para pasar al Reino de la Divina Voluntad. Y esta mirada al futuro es la esperanza del apóstol de los últimos tiempos, que lo alegra en el tiempo presente.

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