El Don del AMOR

Por lo demás, el amor no sólo es don, también es virtud, y por consiguiente debemos ejercerla.

Por: Rvdo. Padre Pablo García Beck

MIÉRCOLES VIGÉSIMA CUARTA SEMANA AÑOS PARES

De acuerdo a San Pablo, el carisma por antonomasia no es grandilocuente ni fabuloso, muy al contrario, es exigente y esforzado, se trata del amor.

Pin de Francisco Acedo Fernández en Sagrada Escritura | Sagrada escritura,  Notas, Tener fe

Si bien, al proponer el amor sería más apropiado hablar no de un carisma eminente, sino de un camino más excelente. Este camino no consiste en tener cualidades excepcionales, por cuanto consiste en la caridad, el que Dios nos manifestó en Jesús.

De hecho, no se trata de algo extraordinario ni espectacular, no es un modo de sobresalir ni señalarse, puesto que el amor radica en la vía esforzada y paciente que se manifiesta en el bien del otro. De facto, el mejor modo de edificar la Nueva Jerusalén es vivir en amor.

San Pablo que habló en lenguas, poseyó el don de profecía, recibió revelaciones y conoció los misterios, reconoció sin embargo que estos dones son inútiles si no son regidos por el amor; igualmente los apóstoles de los últimos tiempos deben considerar el amor como la vía sublime para urdir el Triunfo del Inmaculado Corazón de María.

Lo cierto es que, el amor permanece, mientras los carismas pasarán. Y dado que el amor no es un sentimiento sino una acción, el modelo último de referencia es el amor de Cristo. Este camino excelente es positivamente un fruto del Espíritu Santo. El itinerario del amor empezó, de hecho, como don del Espíritu de Dios por la muerte de Cristo, cuando éramos aún pecadores. El amor divino, por tanto, precede al humano.

Por lo demás, el amor no sólo es don, también es virtud, y por consiguiente debemos ejercerla.

Más aún, es el mandato que cumple la Ley Eterna, que urge amar a nuestros semejantes. Naturalmente, dicho comportamiento está avivado por la acción del Espíritu del Señor, de quien el amor es fruto. De un modo u otro, San Pablo nos habla del camino mayúsculo, la vía del amor, un itinerario excepcional, para poder ejercer todos los carismas conforme al Divino Querer.

TEMA CUARTO: EL AMOR EN EL MATRIMONIO. Parte I. | Cooperadores Amigonianos

Evidentemente, tener amor es actuar con amor: como Cristo, dar la vida por amigos y enemigos.  Es más, el que no ama permanece en la muerte. Por esta razón, los apóstoles de los últimos tiempos no deberían dárselas de carismáticos y espirituales, si no tienen amor. La falta de amor convierte en inútil incluso generosidades heroicas y entregas paradigmáticas.

El amor es indispensable. Sin él, todo es pérdida y nada tiene sentido. Sobre el particular, San Ignacio de Loyola aseveraba que el amor se debe poner más en las obras que en las palabras. Y San Josemaría Escrivá de Balaguer señalaba que nuestro amor no se confunde con una postura sentimental, tampoco con la simple camaradería, ni con el poco claro afán de ayudar a los otros para demostrarnos a nosotros mismos que somos superiores. Es convivir con el prójimo, venerar la imagen de Dios que hay en cada hombre, procurando que también él la contemple, para que sepa dirigirse a Cristo.

Amar, al fin y al cabo, es imitar a Dios.

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Por tanto, el amor, la persona que ama, busca ante todo la salvación del otro, renunciando incluso a libertades y derechos legítimos. Y sin duda que, el amor encuentra una compañera de camino, a saber, la verdad, que esclarece lo real. Habida cuenta de que verdad y amor van de la mano, el amor no es iluso. No es una aceptación indiscriminada y bobalicona de todo lo que viene del otro.

Al contrario, el amor reconoce el mal, por eso no se alegra con la injusticia. Pero esa tristeza en el mal no le resta confianza en el cambio, incluso cuando las expectativas lógicas son contrarias. Nunca ceja su fe. Ahí radica la esperanza inquebrantable del amor, perseverando a pesar de las adversidades. Porque el amor nunca cae, nunca se derrumba. Y cuando sea barrida la Gran Babilonia y se establezca el Reinado Social del Corazón de Jesús, las profecías y conocimientos extraordinarios cesarán, frente a la perdurabilidad del amor, porque ya no harán faltan, esto es, adolecen de plenitud escatológica.

No tendrán sentido cuando Dios sea todo en todos, pues conoceremos y nos comunicaremos con Dios cara a cara. Ahora bien, el amor tiene ropaje de eternidad. Los carismas son un don para asfaltar el advenimiento de la Nueva Civilización del Amor, a la que no se llegará por el solo esfuerzo de la Iglesia Remanente, ya que será don divino aparejado a la Parusía del Señor.

En suma, el amor, quintaesencia de la vida cristiana, es la virtud más grande, porque tiene ciudadanía en el Reino de Dios; es un presente que continua en el Empíreo, porque el amor es de Dios. Al respecto, Benedicto XVI enseñó que al final, cuando nos encontremos cara a cara con Dios, todos los demás dones desaparecerán; el único que permanecerá para siempre será la caridad, porque Dios es amor y nosotros seremos semejantes a Él, en comunión perfecta con Él. Por ahora, mientras estamos en este mundo, la caridad es el distintivo del cristiano. Es la síntesis de toda su vida: de lo que cree y de lo que hace.

 En realidad, el amor es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre.

Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la  perfección - San Pablo, apóstol - ParroquiaWeb

Al mismo tiempo, el amor es, por decir así, el estilo de Dios y del creyente; es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo. Este amor se nos mostró plenamente en Cristo crucificado. Precisamente, el amor no es solo el camino más allá de todos los caminos, sino también la meta más allá de las metas. El amor trasciende los límites de la virtud y se expresa como amor sempiterno: amor de Dios, amor a Dios, amor que es Dios.

La vida en el Reino de los Cielos consistirá en el amor. Por ello, los apóstoles de los últimos tiempos se deberían esforzar en ser hallados inmaculados en el amor.

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